✦ UNA HISTORIA DE NANCY RDZ ✦

Capítulo 25

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◷ Tiempo estimado de lectura: 6 minutos
✦ Publicado el 14 de septiembre de 2026
♡

Ponte cómoda y disfruta de la historia.

✦Christian Kuri✦

Al abrir la puerta de la mansión, esa sensación de soledad me embargó de nuevo. Sin embargo, siempre había algo, o mejor dicho, alguien, que me hacía volver a casa. Caminé hacia las escaleras, dispuesto a subir a la habitación, pero antes de llegar al primer escalón me encontré con Martha, una de las sirvientas de la familia.

—Señor, ¿va a cenar?

Fruncí el ceño y negué con la cabeza.

—No, Martha.

—Bien, señor. Me retiro —dijo mientras hacía un pequeño gesto con la cabeza.

La observé alejarse. Había algo extraño en su comportamiento, su voz sonaba nerviosa y mantenía las manos entrelazadas frente a ella, como si estuviera tratando de ocultar algo. Un presentimiento me produjo un escalofrío que recorrió mi espalda. No sabía por qué, pero algo dentro de mí me decía que debía subir inmediatamente.

Subí las escaleras tan rápido como pude y, al abrir la puerta de la habitación principal, mis ojos se encontraron con la oscuridad. Encendí las luces y fue entonces cuando algo llamó mi atención. El espejo del tocador reflejaba una superficie completamente vacía. Me acerqué unos pasos y observé la mesa. Los perfumes de Valentina, sus cremas, sus cepillos y todas aquellas cosas que siempre había visto allí ya no estaban.

Vacía.

Tragué saliva mientras una idea cruzaba por mi mente.

No.

No podía ser.

Imaginé que Valentina había cometido una tontería y había decidido marcharse. Apreté los dientes y fui directamente hacia el armario. Lo abrí y sentí cómo la preocupación se convertía en enojo al comprobar que solamente estaba mi ropa. La ropa de Valentina había desaparecido por completo.

—¿Se había ido? —murmuré.

Me llevé una mano al cabello con desesperación. No estaba de humor para otro de sus juegos, mucho menos a esa hora de la noche. Después de todo lo que había sucedido entre nosotros, lo último que necesitaba era que Valentina tomara una decisión impulsiva y saliera de la casa.

Regresé a las escaleras y bajé tan rápido como un demonio.

—¡Martha!

Mi voz resonó por el interior de aquella enorme mansión, que de repente parecía mucho más vacía que antes. Martha apareció casi corriendo y su rostro reflejaba terror al verme.

—Dígame, señor.

—¿A dónde ha ido mi esposa? —pregunté con dureza—. ¿Por qué sus cosas no están en la habitación?

Martha abrió los labios, pero durante unos segundos pareció no saber qué responder.

—Señor…

—¡Te hice una pregunta!

—La señora Valentina movió sus cosas a la habitación de invitados. Ella me pidió que la ayudara —respondió finalmente, con la voz nerviosa—. No ha salido de la mansión en todo el día, de hecho, ni siquiera ha salido de la habitación.

Toda mi furia desapareció al instante.

—¿Qué dices?

Por un momento no supe qué pensar. No sabía qué era peor: que Valentina hubiera intentado huir de casa o que hubiera decidido quedarse, pero alejándose de mí. ¿A qué juego estaba jugando?

Apreté la mandíbula.

Aquel comportamiento infantil no era propio de una buena esposa. No después de dos años de matrimonio. Si estaba molesta conmigo, podía hablarlo. Si estaba enojada por lo ocurrido aquella tarde, podía decirme exactamente qué era lo que quería. Pero simplemente tomar sus cosas y mudarse a otra habitación me parecía una exageración.

Respiré profundamente, tratando de controlar mis impulsos.

—¿Te dijo por qué lo hizo?

—No, señor.

Asentí lentamente. No tenía sentido seguir interrogando a Martha. Lo único que necesitaba era hablar con Valentina y hacerle entender que no podía continuar comportándose de esa manera.

Antes de subir nuevamente, miré a Martha.

—Nada de lo que pase en esta casa debe salir al exterior, ¿entendiste, Martha? Ni siquiera mi madre debe enterarse de lo que sucede en mi matrimonio.

Martha asintió nerviosamente mientras entrelazaba sus manos.

—Sí, señor. No se preocupe por eso.

—Puedes retirarte.

Martha hizo una pequeña reverencia y se alejó.

Yo permanecí unos segundos en medio de la sala, mirando hacia las escaleras. Las palabras de Valentina volvieron a mi cabeza.

Quiero el divorcio.

Negué ligeramente con la cabeza.

No.

No iba a permitir que una discusión terminara con nuestro matrimonio. Valentina estaba molesta, probablemente había hablado desde el enojo y ahora estaba tratando de castigarme con aquel comportamiento. Conocía perfectamente a mi esposa. O al menos eso creía.

Subí nuevamente las escaleras y caminé por el pasillo hasta detenerme frente a la habitación de invitados.

Estaba a punto de girar la perilla de la puerta, pero antes de hacerlo me detuve. ¿En qué estaba pensando? Estaba cayendo directamente en el juego de Valentina. Eso era exactamente lo que ella quería, que fuera yo quien la buscara, que terminara disculpándome y cediendo ante sus exigencias. Y eso no iba a pasar.

No había sido yo quien había insultado nuestro matrimonio al pedir algo tan absurdo como el divorcio. Ella había sido quien había decidido tirar por la borda dos años de matrimonio solo porque las cosas no estaban saliendo como quería. Si alguien tenía que disculparse, sería ella.

Así que decidí darle un tiempo para reflexionar. Tal vez cuando estuviera más tranquila comprendería que había llevado las cosas demasiado lejos y regresaría a nuestra habitación por voluntad propia. No pensaba perseguirla ni suplicarle que volviera. Mucho menos iba a permitir que creyera que podía manipularme de esa manera.

Cerré la puerta sin decir una palabra y regresé a nuestra habitación. Me desabroché la camisa mientras caminaba hacia el vestidor, todavía molesto por todo lo que había ocurrido. Al entrar, mi mirada volvió a detenerse en el espacio vacío que antes ocupaban las cosas de Valentina. Por alguna razón, aquella imagen volvió a incomodarme, así que aparté la mirada y continué desabotonando mi camisa.

—Vamos a ver quién pierde más en este juego, Valentina —murmuré para mí mismo.

Me quité la camisa y la dejé sobre una de las sillas.

—¿Quieres jugar a ser la esposa ofendida que abandona la habitación matrimonial? Adelante.

Me miré unos segundos en el espejo mientras una sonrisa amarga aparecía en mis labios.

—Pero tarde o temprano regresarás.

Estaba convencido de ello.

Valentina podía estar enojada, podía ignorarme, incluso podía intentar hacerme creer que realmente quería terminar con nuestro matrimonio, pero no podía borrar dos años de vida juntos de un día para otro. Al final comprendería que aquello no era más que un impulso y volvería.

Porque yo no pensaba ir detrás de ella.

Si quería jugar, jugaríamos bajo mis reglas.

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