✦ UNA HISTORIA DE NANCY RDZ ✦

Capítulo 1

Tiempo estimado de lectura: 7 minutos
Publicado el 11 de agosto de 2026

Ponte cómoda y disfruta de la historia.

Valentina Montesinos

El reloj de la pared marcaba las once cincuenta y tres de la noche. Volví a mirarlo, aunque sabía perfectamente qué hora era. Llevaba demasiado tiempo observando las manecillas avanzar lentamente sobre la esfera dorada, como si al hacerlo pudiera acelerar el tiempo y, de alguna manera, hacer que mi esposo finalmente cruzará las puertas de aquella casa.

La mansión Kuri estaba en completo silencio. Demasiado silencio para una casa tan grande. Esa casa que se había convertido en mi hogar hace ya dos años, el mismo tiempo en el que me había sentido como un fantasma andante, casi como un alma solitaria.

Frente a mí, la mesa del comedor seguía preparada para dos.

Había ordenado personalmente que sirvieran la cena a las ocho, como todas las noches. Aunque esta noche era una noche especial, nuestro segundo aniversario de bodas. La vajilla de porcelana blanca, los cubiertos perfectamente alineados, las copas de cristal y una botella del vino que Christian prefería. Todo estaba perfectamente acomodado. Incluso me había permitido preparar algo junto al chef que contraté, precisamente era mi maestro de la escuela de gastronomía en la que había estudiado unos años atrás. 

El chef Olivera era reconocido en todo el mundo por su exquisito sazón, un hombre entrando en sus cincuenta, de cuerpo grande, espalda ancha, pero con una sonrisa siempre amable para con sus alumnos y ese don para transmitir su sabiduría, que cautivaba a cualquiera que lo llegará a conocer, no era la primera vez que cocinaba para mí puesto que ya lo había contratado antes para ser el encargado del banquete de mi boda.

Al recordar ese momento, el que se suponía debía ser el día más especial de mi vida, no pude evitar que se me formara un nudo en la garganta. Mis puños se apretaron, pero no con coraje, si no con la intención de reprimir un sentimiento de desolación que emanaba de mi pecho. Ese día fue el día que toda mi vida cambió, se suponía debía ser especial pero… rápidamente respiré profundo, limpie las lagrimitas que comenzaban a asomar por mis ojos. 

No podía permitir que Christian me viera así, triste, era nuestro segundo año de casados. Debería ser un día especial. Debería. Christian y yo no éramos un matrimonio común, nuestra unión había sido un acuerdo arreglado por su padre y mi abuela. Un acuerdo que parecía ser perfecto para todos los demás. Excepto para nosotros. A pesar de eso había intentado que el matrimonio funcionara. 

Durante los últimos dos años había aprendido sus horarios, sus gustos, sus reuniones, las comidas que prefería y hasta la forma en que tomaba el café por las mañanas. Sabía qué camisas le gustaban más. Qué vino pedir cuando tenía una cena de negocios. Qué medicamentos necesitaba cuando sufría de migraña. Había memorizado tantas pequeñas cosas sobre él que, algunas veces, me preguntaba si Christian siquiera recordaba cuál era mi postre favorito. Probablemente no. Porque yo nunca se lo había dicho. No había tenido muchas oportunidades.

Tomé la copa de agua entre mis manos y jugué distraídamente con ella.

Suspiré.

Aunque, sí era completamente sincera, durante mucho tiempo solo yo había intentado que aquello funcionara. Me había esforzado. Dios sabía cuánto. Había intentado ser la esposa que él necesitaba. La mujer que pudiera mirar y sentirse orgulloso de haber elegido. Aunque nunca me hubiera elegido. 

Apoye las manos sobre la mesa fría del comedor. Quizá debería irme a dormir, pensé. Quizá por una vez podía dejar de esperarlo. Pero entonces recordé las palabras de mi abuela. “Una buena esposa espera a su marido”, decía.

Sonreí con tristeza. 

—Estoy esperando, abuela —susurré.

Aunque ya no sabía exactamente qué esperaba.

¿A Christian? ¿Una disculpa? ¿Una sonrisa? ¿Un poco de cariño?

¿O simplemente una razón para seguir creyendo que aquel matrimonio podía convertirse en algo más que un contrato?

Miré de nuevo el reloj, eran las once con cincuenta y nueve minutos. Apoyé los codos sobre la mesa y llevé mis manos a mi rostro. Había sido un largo día. Parpadeé varias veces intentando mantenerme despierta, pero el cansancio terminó ganándome la batalla. Cerré los ojos, por unos segundos. 

Hasta que un ruido en algún lugar de la mansión me hizo despertar de golpe. Enderecé la espalda y miré hacía la entrada del comedor. Nada. Solo silencio. Solté lentamente el aire que había contenido.

—Qué ridícula eres, Valentina —murmuré para mí.

Pero de pronto, las puertas de la mansión se abrieron y mi corazón volvió a dar un vuelco. Por un instante, olvidé respirar. Christian había llegado. Y, como una tonta, sentí que una pequeña esperanza volvía a encenderse dentro de mí. Quizá esta noche sería diferente, se sentaría conmigo y me preguntaría porque lo había esperado despierta hasta tan tarde. 

Escuché sus pasos acercándose por el pasillo.

Christian apareció en el umbral.

Incluso después de dos años de matrimonio, su presencia seguía teniendo ese efecto absurdo sobre mí. Era un hombre imposible de ignorar. Alto, de hombros anchos y porte elegante, llevaba el traje oscuro perfectamente ajustado a su cuerpo. Su cabello negro, ligeramente despeinado después de lo que parecía haber sido un día interminable, contrastaba con la dureza de sus facciones.

Tenía el rostro definido, la mandíbula marcada y una mirada profunda que podía resultar intimidante cuando se fijaba en alguien.

Yo había aprendido a reconocer todas las versiones de esa mirada. La impaciencia, el cansancio, la molestia, incluso la indiferencia. Pero nunca había aprendido a reconocer una mirada de cariño dirigida hacía mí. 

Christian se detuvo al verme. 

Sus ojos recorrieron brevemente la mesa preparada y después se posaron en mí.

—¿Qué estás haciendo?

Me levanté tan rápido que casi hice caer la silla.

—Te estaba esperando.

Sus cejas se juntaron ligeramente.

—¿Esperándome?

Asentí.

—Para cenar.

Señalé la mesa con una pequeña sonrisa que intentaba ocultar lo nerviosa que estaba.

—La cena está servida desde hace un rato. Pensé que quizá llegarías temprano hoy.

Christian soltó un suspiro.

No dijo nada de inmediato.

Simplemente hizo una mueca de disgusto, como si mi respuesta le hubiera recordado algo que prefería no tener presente.

Dejó su maletín sobre una de las sillas y comenzó a aflojarse la corbata.

—Ya cené.

Mi sonrisa desapareció lentamente.

—¿Ya cenaste?

—Sí.

Se quitó la corbata y la dejó sobre el respaldo de la silla.

—Cené en casa de Briana.

Bajé la mirada.

—Ah…

Eso fue todo lo que conseguí decir. Sentí un pequeño dolor en el pecho. No era la primera vez que Christian cenaba fuera, tampoco era la primera vez que yo esperaba por él para terminar comiendo sola. Pero aquella noche era diferente, era nuestro aniversario.

Christian se pasó una mano por el cabello y finalmente me miró.

—Estoy cansado.

Asentí.

—Claro.

—Me voy a dormir.

Otra vez asentí.

—Está bien.

No preguntó por qué había preparado la cena.

No preguntó cuánto tiempo llevaba esperándolo.

No miró las velas.

Ni siquiera pareció notar que aquella noche me había arreglado diferente.

Simplemente tomó su maletín y salió del comedor.

Yo permanecí inmóvil.

Lo observé alejarse por el pasillo. Sus pasos resonaron en el enorme vestíbulo hasta que comenzó a subir las escaleras.

Cada paso parecía llevarse un poco de la esperanza que había reunido durante todo el día.

Me quedé mirando su espalda hasta que llegó al último escalón.

Christian no volteó.

Nunca lo hacía.

Apagué una de las velas con los dedos temblorosos.

Y cuando escuché la puerta de nuestra habitación cerrarse en el piso de arriba, dejé escapar una sonrisa que no tenía nada de felicidad.

—Feliz segundo aniversario… —dije, casi inaudible. Tan bajo que ni siquiera yo estaba segura de haberlo dicho.

Miré el lugar vacío frente a mí.

Y por primera vez me pregunté cuánto tiempo más podría seguir esperando a un hombre que ni siquiera recordaba el día en que había prometido quedarse conmigo.

Hasta que la muerte nos separare.

✨ También te puede gustar... ✨

💬 Deja tu comentario

🩷
Gracias por leer.

Si este capítulo te hizo sonreír, emocionarte o enojarte, cuéntamelo. Leer tus comentarios es una de las cosas que más me motiva a seguir escribiendo.

🎧

Escucha este capítulo

¿Prefieres relajarte y dejar que la historia cobre vida?

Buscando voces disponibles...
🎧
Ahora estás escuchando Capítulo 1
🎙️ Voz automática
Listo para comenzar
Velocidad de lectura:

Puedes seguir leyendo mientras escuchas el capítulo.

Scroll al inicio