✦ UNA HISTORIA DE NANCY RDZ ✦

Capítulo 23

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◷ Tiempo estimado de lectura: 11 minutos
✦ Publicado el 25 de septiembre de 2026
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Ponte cómoda y disfruta de la historia.

✦Christa Bauer✦

—¿Qué es eso que tienes ahí? —el hombre preguntó inquiriendo con la mirada a Marcelo. 

—Nada, señor, son solo papeles —respondió, algo en mi interior me dijo que debía actuar en ese momento.

—Él quiere que le ceda mi rancho, por favor ayúdeme, se lo suplico —dije dirigiéndome de nuevo al tío de Santiago, no lo conocía, pero necesitaba arriesgarme, necesitaba su ayuda. 

Observé como la quijada de Marcelo se apretó aniquilándome con la mirada.

—¿Es verdad eso? 

Mi vista pasaba de Ignacio Sandoval a Marcelo, ahora que lo observaba, no creía que sobrepasará los cuarenta años de edad y hasta me podía arriesgar a pensar que tenía unos treinta y siete y aun así, se veía atractivo y joven. Llevaba unos vaqueros negros con una camisa color blanca, las mangas dobladas hasta los codos y dos de sus botones desabrochados a la altura de su pecho, en lugar de botas llevaba zapatos. Al igual que Santiago no era un hombre que se pudiera intuir que tuviera algún gusto vaquero, al contrario, tenía un aire mucho más elegante como el de Santiago. Se podía respirar el poder que emanaba de su ser. 

—No señor… —Marcelo tartamudeó y mi ceja se alzó sintiendo como esta podría ser mi oportunidad para zafarme de él —jamás haría eso.

Lo miré de nuevo —sí, quería obligarme a que le cediera el rancho de mi padre, también ha insinuado que quiere abusar de mí. 

La mirada de Ignacio Sandoval de pronto se oscureció. 

—No llenas con tener a una de las Bauer, ¿quieres llenarte de las dos? —comenzó a caminar hasta quedar frente a él, yo no sabía qué hacer, parecía estarme defendiendo, pero lo que sí podía observar es que Marcelo le temía —¿crees que eres lo suficientemente machito para ser digno de ella? 

Río con sarcasmo. Pasé saliva de manera involuntaria cuando quitó el sombrero de la cabeza de Marcelo y jaló de su cabello con tal fuerza que él gimió de dolor, toda mi espalda sintió como una ola de escalofríos recorrió mi cuerpo. 

—¡Por favor! Solo quería que me firmara para después venderle a usted…

Mi ceño se frunció al escucharlo. ¿Ignacio Sandoval estaba de lado de él? 

—Ya hiciste tu parte Marcelito, ahora me encargaré de la mía… 

Soltó el cabello de Marcelo, dio media vuelta y nuestras miradas se encontraron. Tuve que levantar la vista para verlo cuando estuvo frente a mí, esbozó una sonrisa que no supe interpretar y dijo: 

—hablemos en un lugar más cómodo Christa, conmigo estarás mucho mejor que con Marcelo, eso te lo puedo asegurar. 

Mis piernas temblaban, miré a Marcelo, su mirada de odio me aterraba, le había echado a perder sus planes, no me quedaba de otra que aceptar la invitación del señor Ignacio. Caminé hasta su camioneta, antes de subir él esperó a que subiera primero. 

—Yo… señor… —intenté decir algo, pero él me silenció poniendo su dedo índice en mis labios.

—Hablaremos cuando lleguemos a mi casa…

Me quedé pétrea, recordé que Santiago comentó alguna vez que cuando venía de la Capital, se quedaba en casa de su tío. 

Miré por el cristal de la ventana durante todo el camino, la presencia de Ignacio Sandoval a mi lado en un espacio tan reducido me hacía sentir demasiado cohibida, el hombre era simplemente una escultura, ahora entendía de dónde venía el atractivo de Santiago, su cabello oscuro, una mirada demasiado penetrante, barba prolifera, pero corta y la manera en la que se sentaba, me recordaba un poco a la de mi padre; sin embargo, este hombre destilaba poder alrededor de toda su aura, era algo parecido a temor, de solo recordar la manera tan respetuosa con la que Marcelo se dirigía a él, me hacía pensar que Don Ignacio Sandoval era un hombre de mucho cuidado. 

Las pocas veces que había tenido oportunidad de venir al pueblo con mis padres, solo un par de veces visitamos la zona donde se encontraba la casa de los Sandoval. Supuso que sería esa, la más enorme de la zona, desde casi medio kilómetro antes, comenzó a verse una enorme barda de dos metros que impedía la vista hacia el interior del solar. Llegamos hasta un enorme portón de forja cuando las puertas de pronto se abrieron, sentí un par de escalofríos cuando la camioneta atravesó el umbral de la entrada a aquella vista, a lo lejos se podía ver una mansión completamente blanca, con arcos gigantes, casi pude contar veinte ventanas, jardines a los costados y una fuente. Los Sandoval eran inmensamente ricos, la casona de mis padres en el rancho era grande, pero esto sobrepasaba todo lujo. 

La camioneta se detuvo, las puertas se abrieron y el chofer de Don Ignacio me brindó su mano para bajar. Rodeé la camioneta donde él ya me estaba esperando. 

Mis piernas no se movieron, no quería estar en este lugar, algo me decía que no estaba bien, no sabía que quería el tío de Santiago conmigo.

—No te haré daño si eres buena conmigo… hablemos en mi despacho —dijo como alentándome a seguirlo al interior de la mansión.

Alcé una ceja, sus palabras sonaban como una advertencia, pero estaba diciendo que no me haría daño, hablaría con él. No tenía de otra.

Caminé siguiéndolo de cerca hasta una habitación que se encontraba a lado de las escaleras principales y un recibidor. 

Sacó unos guantes de cuero negro de uno de los bolsillos de sus pantalones y los dejó caer sobre la mesa de escritorio —siéntate —me pidió al mismo tiempo que el se dejaba caer sobre la silla al otro lado de la mesa, me senté mirándolo de manera fija —ahora sí, hablemos de negocios. 

El señor Ignacio me pidió que le hablará sobre la relación que mantenía con mi madre y la razón por la que había dejado el pueblo, lo hice, le expliqué que tuve que huir porque de haberme quedado mi madre o Marcelo habrían sido capaces de encerrarme de por vida. 

—Voy a serte sincero Christa, mi intención es comprar el rancho que era de tu padre —abrí los ojos a unos enormes —hablé con Marcelo en varias ocasiones, ya que él es quien administra el rancho actualmente, él me prometió que me lo conseguiría, pero no estaba enterado que tú fueras la actual propietaria. 

Mis cejas se juntaron, yo tampoco no lo sabía, mi padre me había dejado todo lo que tenía, había cumplido lo que siempre dijo, ahora me sentía en deuda con él, debía regresar al rancho y asegurarme que su legado perdurará a lo largo de los años. 

—Yo no puedo venderle, mi padre confiaba en que me encargaría del rancho una vez que él no estuviera para hacerlo… —le expliqué. 

Noté como el señor Ignacio apretó los dientes, pero mantenía una mirada serena, estaba tranquilo. 

—Eres muy jovencita, ¿crees poder con un rancho tan grande como ese?  

Me puse de pie, de pronto sentí como si mi alma se renovará, sentía nuevas energías para poder hacerle justicia a la memoria de mi padre y mi hermano. “El rancho era mío” algo en mi interior renacía, unas nuevas fuerzas para pelear por aquello que mi padre amaba. 

—Si… si puedo, mi padre me enseñó desde muy pequeña todo lo necesario para hacerme cargo de su rancho, lo único que quiero es que no esté más en manos de alguien como Marcelo que como usted lo ha dicho pretendía vendérselo a través de engaños, quería obligarme a firmar esos papeles de no haber sido porque usted apareció para ayudarme y se lo agradezco, pero no puedo venderle, ese rancho es muy especial para mí…

Don Ignacio se puso de pie, rodeó su escritorio con seguridad hasta quedar frente a mí, odiaba esa sensación de sentirme tan pequeña frente a él. Alcé la barbilla para verlo, en un movimiento que hizo con su mano, tomando mi barbilla para mirarlo fijamente, todo mi cuerpo se estremeció hasta el último poro cuando sonrió de manera coqueta. 

—Eres una chiquilla muy valiente, eso lo admiro en las mujeres, que no sean tímidas, más bien rebeldes como una potranca, la cual pueda domar de a poco…

Di un paso atrás, muchas de las cosas que él decía me confundían. 

—¿Qué quiere decir? 

—¿Quieres de nuevo el control de tu rancho? 

Asentí.

—Pero usted dijo que quería el rancho de mi padre, ¿Por qué me ayudaría?

Ignacio Sandoval sonrió. 

—Soy el hombre más rico y poderoso de todo el pueblo, si quisiera podría valerme de muchas cosas para obligarte a vender como el hecho de que el rancho ahora mismo no se encuentra en las mismas condiciones en la que estaba cuando tu padre estaba con vida —fruncí el ceño —Marcelo se ha encargado de saquearlo, mucha vida que digamos ya no le queda a lo que era el Rancho de los Bauer, pero quiero ayudarte, en caso de que te decidas a vender por favor considérame como el primer candidato de la lista. 

No supe qué decir. 

—Lo tendré en cuenta, se lo prometo —más bien, lo dije para que no insistiera más, no tenía intención para nada de vender el rancho donde nací. 

—¿Te han dicho que tienes unos ojos hermosos Christa? —cambio de manera tan abrupta el tema. 

Su pregunta me tomó por sorpresa. 

—Emmm… no —salió un pequeño hilo de voz de mi boca, la verdad es que si hubo alguien que me lo dijo, era Santiago, pero por ahora no le diría a este hombre que lo conocía. Santiago era su sobrino. 

—Eres la chiquilla más hermosa que he visto, quién diría que serías mucho más hermosa de lo que era tu hermana, y mírate… 

Me quedé inmóvil escuchando sus halagos, todo mi cuerpo reaccionaba ante sus palabras, pero no podía ignorar el hecho de que fuera el tío de Santiago y además me llevaría más de diez años de diferencia de edad, no me interesaba ningún otro hombre más que Santiago, él había sido el primer y único hombre del que me había enamorado en la vida. 

—Gracias por sus palabras, pero en este momento lo único que tengo en mente es recuperar el rancho de mi padre —me excusé, él era un hombre muy poderoso, dijo que me ayudaría, pero sabía que era muy peligroso desafiar a alguien como él, hasta alguien como yo estaba consciente de que los hombres como él se encaprichan con las mujeres hasta tenerlas, lo había escuchado muchas veces en las conversaciones entre mi madre y sus amigas —¿Cómo podría ayudarme a que eso pase? 

Don Ignacio esbozó una sonrisa triunfante. 

—Es muy sencillo, ve al rancho junto a varios de mis hombres, ellos te respaldarán en caso de que Marcelo no quiera darte tu lugar, reclama lo que es tuyo y si necesitas un lugar donde quedarte mientras pones orden en el rancho no dudes en venir aquí. 

—¿Qué gana usted con todo esto? —Aún había algo en mi corazón que no me permitía confiar por completo en ese hombre, era como una corazonada, él no miraba de la misma manera en que Santiago lo hacía. 

—Verte triunfar —acercó su rostro demasiado al mío, mis piernas temblaban como gelatina al sentir su cercanía, sus ojos se posaron en mis labios y tuve que tragar saliva —deseo el rancho de tu padre, pero también hay algo más que ahora deseo —sonrió lascivo.

—Yo no puedo ofrecerle eso que está pensando —dije mordiendo mi labio inferior, estaba a punto de decirle que el dueño de mi corazón era su sobrino, tal vez así cambiaría sus pensamientos, pero algo en mi interior me frenó. Tenía que esperar a que Santiago viniera a Montenegro para poder hablar con él sobre todo esto que me estaba pasando.

—¿Hay alguien más que lo impida? —preguntó de pronto. Negué con la cabeza como si fuera un corderito asustado. 

De pronto me di cuenta de que mi espalda baja estaba recargada sobre el escritorio de él, estaba en medio de los dos, ambos nos mirábamos fijamente. 

—Yo nunca he tenido una relación con algún hombre si es a lo que se refiere…

Dije para tratar de hacerle entender de una manera sutil que no podía estar con él, estaba enamorada de su sobrino, pero tampoco podía rechazarlo, en este momento no me convenía tener las consecuencias de un posible enojo por parte de él. 

—Me encantaría ser el primero, pero claro, iremos despacio…

Bajó su boca, rozando sus labios en la línea de mi mentón. Todo mi cuerpo se electrizó, esa misma sensación de cosquillitas apareció de pronto en mi entrepierna, sabía lo que era, era esa misma sensación que había tenido cuando Santiago me besó por primera vez. Este hombre estaba causando esa misma sensación en mí, aunque no estaba segura si era por esa presencia dominante que tenía. 

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