✦ UNA HISTORIA DE NANCY RDZ ✦

Capítulo 9

♧
◷ Tiempo estimado de lectura: 10 minutos
✦ Publicado el 24 de octubre de 2026
♡

Ponte cómoda y disfruta de la historia.

✦Emilia Díaz✦

El auto se detuvo suavemente en el estacionamiento del antro. Desde el interior, las luces neón parpadeaban con intensidad, tiñendo la noche de tonos vibrantes de azul, púrpura y rojo. A lo lejos, se escuchaban los graves retumbantes de la música electrónica que escapaban por las puertas entreabiertas.

Esteban salió primero y, con un gesto elegante, abrió la puerta de mi lado, extendiendo su mano para ayudarme a bajar. Sus dedos eran cálidos contra mi piel, pero su expresión permanecía seria.

—¿Estás enfadado? —pregunté con cautela, sin soltar su mano, buscando su mirada en la penumbra.

Él me observó por un instante antes de sonreír con ternura. Se inclinó lentamente, rozando su nariz con la mía antes de besarme en los labios con suavidad.

—¿Cómo podría enfadarme contigo, Emm? —susurró, depositando otro beso, esta vez más profundo, mientras me atraía hacia su cuerpo con delicadeza.

Por instinto, le rodeé el cuello con los brazos, correspondiendo su beso con la misma intensidad. Mi corazón se contrajo de alegría. Esteban tenía el poder de hacerme olvidar cualquier sombra de tristeza, su amor iluminaba hasta los rincones más oscuros de mi alma.

—Te quiero, Esteban —murmuré contra sus labios, inhalando su aliento con un sutil aroma a menta.

—Te quiero más, mi pequeña Ada pelirroja —respondió con dulzura antes de tomar mi mano con suavidad.

Caminamos juntos hacia la entrada del antro, donde la escena que nos recibió era digna de un evento de alto nivel. El lugar era imponente. Una gran marquesina con luces doradas anunciaba el nombre del club en letras elegantes y modernas. Dos enormes filas de personas, vestidas con atuendos lujosos y sofisticados, esperaban ansiosas la apertura de las puertas. Desde el exterior, se percibía el ambiente vibrante: luces LED que recorrían las paredes con destellos dinámicos, seguridad privada custodiando la entrada, y camareros con bandejas de cócteles dando la bienvenida a los invitados VIP.

—Allá está Gaby con mis amigos —me susurró Esteban al oído, sacándome de mi asombro.

Giré la cabeza y vi a Gaby a unos metros de distancia, agitando su mano en el aire con energía para llamar nuestra atención. Junto a ella estaban dos chicos que reconocí de inmediato: Pablo y Samuel, los inseparables amigos de Esteban en la universidad.

Nos abrimos paso entre la multitud que se aglomeraba cerca de la entrada. El sonido de la música retumbaba en el aire, creando una sensación de emoción electrizante. Cuando por fin llegamos hasta ellos, Gaby se abalanzó sobre mí con una gran sonrisa.

—¡Emilia! —exclamó, abrazándome efusivamente.

Luego, miró a Esteban de arriba abajo con su habitual actitud recelosa y soltó un seco:

—Hola, tú.

Esteban, lejos de molestarse, esbozó una sonrisa divertida. Le encantaban los desplantes de Gaby, y en cierto modo, parecían formar parte de su dinámica de siempre.

—Emilia, ¿te acuerdas de Pablo y Samuel? —dijo Esteban, saludándolos con un apretón de manos y un abrazo rápido.

—¡Hola, Emilia! —saludaron ambos al unísono.

—Hola —respondí con una sonrisa.

Cuando finalmente entramos al antro, la atmósfera era espectacular. Un empleado nos condujo hasta una mesa reservada en la zona VIP, justo frente a la pista de baile y muy cerca de la barra. Desde allí, la vista era inmejorable: el enorme domo de luces LED en el techo cambiaba de color al ritmo de la música, las paredes estaban cubiertas de espejos con efectos caleidoscópicos y el DJ, elevado en una cabina iluminada con neones, hacía vibrar el lugar con una mezcla electrizante de pop y electrohouse.

—¡Este antro me encanta! ¡Hay que ir a bailar! —gritó Gaby emocionada, alzando los brazos cuando una canción explosiva llenó el lugar con su ritmo pegajoso.

—¿Quieres bailar? —preguntó Pablo, extendiéndole la mano con una sonrisa encantadora.

Los ojos de Gaby brillaron con satisfacción antes de aceptar la invitación. En cuestión de segundos, estaban en medio de la pista, moviéndose con una energía que solo Gaby podía mantener toda la noche. Sonreí divertida. Pablo no sabía en lo que se estaba metiendo.

Un mesero se acercó a la mesa con elegancia, dejando sobre ella varios vasos relucientes, un recipiente con hielo y una botella de whisky de etiqueta dorada.

—Cortesía de la casa para los invitados especiales —anunció con una sonrisa cordial.

—Tener ventajas por ser el hijo de uno de los magnates más poderosos del país debe sentirse bien, ¿eh? —bromeó Samuel con tono burlón.

Esteban se echó a reír con diversión.

—Tú no te quedas atrás, Sami. Anda, disfruta. Yo voy a llevar a Emilia a su casa, así que me mantendré sobrio —dijo, rodeando mi cintura con su brazo y acercándome más a su cuerpo.

Su calidez me envolvió, y sentí una especie de alivio en su abrazo. Era un gesto simple, pero cargado de significado. Sabía que Esteban solía beber cuando salíamos, pero esta vez estaba eligiendo no hacerlo por mí. Le agradecí con un beso suave en la mejilla, disfrutando del leve aroma a su loción maderada.

—Iré a buscar alguna chica con quien bailar, no quiero hacerles mal tercio —río Samuel, guiñando un ojo antes de perderse entre la multitud.

De pronto, Esteban giró mi silla hacia él, acercándome más, hasta quedar atrapada en el espacio entre sus piernas abiertas. Su mirada intensa se posó en la mía, y la música y las luces del antro parecieron desvanecerse por un instante.

—¿Ya te dije lo hermosa que te ves? —susurró, enredando un mechón de mi cabello entre sus dedos para luego acomodarlo detrás de mi oreja con una ternura que me desarmó.

Mi piel se erizó al instante. Su voz había cambiado, volviéndose más ronca, más grave, como si cada palabra estuviera impregnada de deseo.

—Lo has mencionado ya varias veces desde que salí de casa —respondí con una risita nerviosa, sintiendo mi respiración acelerarse.

—Nunca me cansaré de repetirlo, amor…

La palabra quedó suspendida entre nosotros, flotando en el aire como una chispa a punto de incendiarlo todo. Era la primera vez que me llamaba “amor”, y algo dentro de mí se encendió violentamente. Un escalofrío de emociones contradictorias recorrió mi cuerpo. Lo que sentía por Esteban era real, su presencia me hacía sentir viva, deseada… y, sin embargo, en el fondo de mi mente, una sombra persistía.

Álvaro.

El pensamiento golpeó mi pecho con fuerza. No debía estar pensando en él en un momento como este. No cuando Esteban me miraba como si fuera la única mujer en el mundo, no cuando sus labios estaban a solo centímetros de los míos, tentándome a cerrar la distancia.

Impulsada por la avalancha de emociones, rodeé su cuello con mis brazos y lo atraje hacia mí, buscando en sus labios una respuesta a la confusión que me embargaba. Si Esteban era lo que realmente quería, debía sentirlo, debía entregarme completamente a este momento.

El beso lo encendió de inmediato. Se levantó de su silla con una intensidad repentina, atrapándome entre su cuerpo y el respaldo de mi asiento. Su lengua se deslizó entre mis labios con urgencia, mientras su mano viajaba por mi pierna, subiendo lentamente por la piel expuesta hasta el borde de mi vestido.

Mi corazón latió desbocado. Era imposible ignorar el deseo ardiendo en su contacto, pero tampoco podía ignorar el nudo en mi pecho. Porque por un instante, demasiado breve, pero demasiado real, imaginé que era Álvaro quien me besaba así, quien me tocaba de esa forma.

El remordimiento me golpeó de inmediato, y me aparté bruscamente, sintiendo el calor subir hasta mis mejillas. Miré a mi alrededor, aterrada por la posibilidad de haber llamado la atención, pero nadie parecía haberse percatado de nuestro pequeño espectáculo. El mundo seguía girando, ajeno a mi caos interno.

Esteban me miró divertido, como si mi reacción le resultara fascinante.

—Vamos a bailar —dijo con voz entrecortada por la respiración agitada—, o no me hago responsable de lo que pueda hacerte aquí mismo.

Asentí lentamente, mordiéndome el labio con nerviosismo. No lo hice a propósito, pero el efecto en él fue inmediato. Sus ojos se oscurecieron, dilatándose con deseo antes de inclinarse de nuevo y morder con suavidad el lugar exacto donde yo misma me había mordido segundos atrás.

—Emilia… —murmuró con un tono cargado de promesas—. No sabes cuántas ganas tengo de mostrarte todo el deseo que provocas en mí…

Mi corazón se aceleró aún más, pero en mi interior, algo seguía inquieto. Porque no importaba cuánto intentara entregarme por completo a Esteban, una parte de mí seguía recordando la intensidad con la que Álvaro me había mirado antes. El punto era que Álvaro era alguien prohibido para mí, y Esteban, él, me amaba por sobre todas las cosas.

Y eso, por más que lo negara, me aterraba.

—Deja algo de mi amiga, por favor… Los vi desde la pista —espetó Gaby, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño como si estuviera molesta. Pero la conocía demasiado bien para saber que solo lo hacía para fastidiar a Esteban.

Esteban le dirigió una sonrisa ladina, de esas que siempre parecían ocultar una amenaza velada.

—Gaby, si sigues molestándome, te robaré a Emilia todo el día, todos los días —dijo con fingida seriedad, pero en sus ojos bailaba la diversión.

Gaby bufó y volteó la cara con fingida indiferencia, como si su comentario le resultara insignificante.

—Vamos al baño, Gabs. Ahorita regresamos —intervine antes de que a mi amiga se le ocurriera otra idea para irritar a mi novio.

…

Entramos al baño, que por fortuna estaba casi vacío, a excepción de dos chicas que se retocaban el maquillaje mientras charlaban animadamente frente al espejo. El sonido amortiguado de la música llegaba hasta nosotras, vibrando en las paredes.

Me giré hacia Gaby, mirándola con súplica mientras entrelazaba mis manos como si estuviera a punto de rezar.

—Gaby, por favor, podrías ser un poco más amable con Esteban —dije, mirándola con ojos de cachorro.

Ella rodó los ojos con evidente fastidio.

—Mmm… está bien, pero si te vuelve a lastimar, se las verá conmigo —sentenció con firmeza.

Sonreí aliviada y la abracé con fuerza, agradecida de que por fin las indirectas hacia Esteban terminarían.

—Te quiero, amiga.

—Emilia, eres como mi hermana. Si alguien se mete contigo, también se mete conmigo —respondió, guiñándome un ojo con complicidad.

Mi pecho se llenó de calidez. Tener a Gaby a mi lado siempre había sido un pilar en mi vida, y aunque a veces su actitud con Esteban me ponía en aprietos, sabía que solo lo hacía porque le importaba.

Pero el momento de tranquilidad se esfumó de inmediato cuando una voz cargada de veneno interrumpió nuestra conversación.

—Pero miren a quién tenemos aquí… a la rubia del periódico y a la pelirroja barata.

El aire se volvió denso. Gaby y yo nos giramos al instante, encontrándonos con la figura esbelta de Marcela, que nos miraba con esa prepotencia que parecía haberse tatuado en el rostro.

Gaby le lanzó una mirada asesina, con el ceño fruncido y los labios apretados.

—¿Qué haces aquí, Marcela? —solté con desdén, cruzándome de brazos.

Marcela se contoneó con exagerada elegancia, como si su sola presencia iluminara la habitación.

—Esteban no es el único con contactos, queridas —respondió con falsa dulzura mientras se acercaba al espejo, admirándose con arrogancia—. Mi padre también es un hombre muy poderoso.

Gaby soltó una carcajada mordaz.

—Vámonos, Emilia, no tenemos por qué escuchar a la castaña escuálida —se burló sin piedad.

Tuve que contener una sonrisa. Gaby solía decir que no tenía talento con las palabras, pero en momentos como este siempre encontraba la manera de dejarme con la boca abierta.

—Sí, vámonos —asentí, dispuesta a dejar atrás la mala energía que Marcela desprendía.

Pero justo cuando íbamos a cruzar la puerta, su voz volvió a detenerme.

—Emilia, espera.

Me giré al instante, sintiendo una punzada de irritación.

¿Qué más podía querer de mí? ¿Acaso no le quedaba más veneno que escupir?

✨ También te puede gustar... ✨

💬 Deja tu comentario

🩷
Gracias por leer.

Si este capítulo te hizo sonreír, emocionarte o enojarte, cuéntamelo. Leer tus comentarios es una de las cosas que más me motiva a seguir escribiendo.

🎧

Escucha este capítulo

¿Prefieres relajarte y dejar que la historia cobre vida?

Buscando voces disponibles...
♡
🎧
Ahora estás escuchando Capítulo 9
♡
🎙️ Voz automática
Listo para comenzar
Velocidad de lectura:

Toca cualquier párrafo del capítulo para comenzar a escucharlo desde ahí.

Scroll al inicio