✦ UNA HISTORIA DE NANCY RDZ ✦

Capítulo 43

♧
◷ Tiempo estimado de lectura: 7 minutos
✦ Publicado el 5 de octubre de 2026
♡

Ponte cómoda y disfruta de la historia.

✦Christian Kuri✦

Aventé la copa que tenía en la mano contra la pared, dejándome llevar por el impulso. El cristal se hizo pedazos y durante unos segundos me quedé mirando los fragmentos esparcidos por el piso, intentando entender por qué el rechazo de Valentina me estaba afectando tanto. No comprendía cómo podía hacerme sentir como el peor de los esposos después de todos mis intentos por acercarme a ella. Había intentado hablar, había intentado acercarme, incluso estaba dispuesto a dejar atrás aquella discusión, pero ella seguía empeñada en alejarme. Ya no sabía qué hacer y, comenzaba a sentirme desesperado.

Bajé la mirada cuando sentí un líquido caliente correr por mi mano. Al levantarla, descubrí que uno de los cristales me había cortado la palma y la sangre comenzaba a escurrir entre mis dedos. No le di demasiada importancia. En realidad, en ese momento mi mano era lo último que me preocupaba. Mi cabeza seguía intentando encontrar una explicación para el comportamiento de Valentina, para aquella mujer que llevaba dos años siendo mi esposa y que, de repente, parecía más difícil de comprender que nunca.

—Christian… ¡Dios mío! ¿Qué ha pasado?

La voz de Briana hizo que me girara de inmediato. Su rostro reflejaba una preocupación evidente y, casi por instinto, escondí la mano detrás de mi espalda.

—Se me cayó la copa —dije, intentando restarle importancia.

Briana miró hacia el suelo y después volvió a observarme. Los pedazos de cristal estaban esparcidos por todas partes, así que era evidente que mi explicación no era del todo convincente.

—Pediré que limpien esto enseguida. ¿Encontraste a Valentina? —preguntó.

Negué lentamente con la cabeza.

—No.

Briana dio un paso hacia mí y sus ojos volvieron a dirigirse hacia la mano que intentaba ocultar.

—¿Qué tienes ahí?

—Nada.

Intenté apartarme, pero ella tomó la manga de mi saco y tiró de ella con suavidad hasta dejar mi mano al descubierto. Me había descubierto como si fuera un niño pequeño, y por alguna razón aquella reacción me hizo recordar cuántas veces Briana había cuidado de mí durante los últimos años. Siempre había sido así. Atenta, pendiente de cada detalle y dispuesta a ayudar antes de que siquiera tuviera que pedirlo.

—Me corté —admití finalmente, sin darle importancia.

Briana tomó mi muñeca con cuidado para observar la herida.

—Estás sangrando mucho, Christian. Vamos al hospital para que te revise un médico. Podrías tener un cristal enterrado y ni siquiera darte cuenta.

Sonreí al escuchar su tono de preocupación.

—No te preocupes, Bri. Iré a ver a Tadeo. Él sabrá exactamente cómo curar mi herida.

—¿Seguro?

Asentí.

Briana siguió observando mi mano durante unos segundos y después tomó mi otra mano entre las suyas. Sus dedos se cerraron alrededor de ella con una suavidad que, en cualquier otro momento, probablemente habría pasado desapercibida para mí.

—Christian, me preocupas mucho. Por favor, llámame en cuanto regreses del hospital y… cualquier cosa que necesites, sabes que siempre estaré para ti.

Sonrió mientras decía aquello y no pude evitar sentir cierta incomodidad. No era algo que pudiera explicar. Briana siempre había estado cerca de mí y jamás había visto aquella cercanía de otra manera. Para mí era la esposa de mi hermano, la madre de Santi y una de las personas más importantes de mi familia. Nada más.

Sin embargo, después de las palabras de Valentina y de todo lo ocurrido aquella noche, por primera vez comencé a sentir que la cercanía de Briana me incomodaba. Tal vez eran los celos de Valentina. Quizá sus acusaciones estaban comenzando a afectar mi manera de interpretar cosas que durante años había considerado completamente normales.

Sacudí ligeramente la cabeza y retiré mi mano con suavidad, obligándome a sonreír.

—Lo haré. Gracias por preocuparte siempre por mí. Eres como una hermana para mí, Bri.

Durante un instante, su sonrisa pareció desaparecer.

Fue apenas un cambio en su expresión, tan rápido que pensé que quizá lo había imaginado. Sin embargo, al segundo siguiente volvió a sonreír como siempre.

—Lo sé.

Se acercó y me rodeó con los brazos en un abrazo cálido. Correspondí por simple cortesía, pero mientras sentía sus brazos alrededor de mí, aquella extraña sensación volvió a aparecer. Briana permaneció unos segundos más de lo necesario antes de separarse y, cuando finalmente lo hizo, sus manos se quedaron sobre mis brazos.

—Ten cuidado, Christian.

—Lo tendré.

—Y llámame cuando llegues.

Asentí.

—Te llamaré.

Briana sonrió una vez más antes de alejarse. La observé mientras salía de la habitación y, por alguna razón, no pude evitar pensar en lo que acababa de suceder. Quizá Valentina había conseguido sembrar una duda en mi cabeza que antes no existía. Quizá simplemente estaba demasiado confundido después de aquella discusión.

Porque Briana siempre había sido así conmigo y no había nada de malo en ello.

…

Conduje directamente al consultorio de Tadeo. Para ese momento, mi mano ya había dejado de sangrar, aunque había tenido que quitarme la corbata y atarla alrededor de la palma para hacer presión sobre la herida. No era la mejor solución, pero al menos había conseguido detener un poco el sangrado y no tenía intención de preocuparme demasiado por aquello. Lo que realmente ocupaba mi cabeza era Valentina y todo lo que había ocurrido aquella noche.

Cuando salí del ascensor y caminé hacia la oficina de Tadeo, lo encontré hablando con su asistente. Por la manera en que revisaba algunos documentos y le daba instrucciones, parecía que estaba a punto de marcharse.

Demonios.

Quizá debería venir a verlo más seguido. Últimamente había dejado demasiado de lado nuestra amistad y, aunque ambos teníamos vidas ocupadas, Tadeo siempre había sido una de las pocas personas con las que podía hablar sin preocuparme por las apariencias.

—Tadeo.

Al escuchar mi voz a su espalda, se giró de inmediato.

—¿Christian? ¿Qué haces aquí?

Parecía realmente sorprendido de verme.

Sonreí ligeramente y levanté la mano herida para mostrársela.

—Me corté la mano con una copa.

Esperaba que se burlara un poco de mí o que hiciera algún comentario sobre mi torpeza, pero su expresión permaneció completamente seria. Ni siquiera sonrió.

Fruncí ligeramente el ceño.

Tal vez realmente tenía prisa.

Tadeo dirigió la mirada hacia su asistente.

—Recuerda lo que te he dicho.

La mujer me miró por unos segundos antes de volver la mirada hacia él.

—Sí, doctor.

—Bien. Llamaré a una de las enfermeras para que cure tu herida en mi oficina. Pasa.

Tadeo abrió la puerta y me indicó que entrara. Me senté en una de las sillas frente a su escritorio mientras él dejaba algunos documentos sobre la mesa.

Lo observé durante unos segundos.

Había algo extraño en su comportamiento.

Parecía distraído.

Preocupado.

—¿Ibas de salida? —pregunté.

Tadeo se acomodó el saco y asintió.

—Sí. Me acaba de llegar una paciente de urgencia. Está inconsciente y tengo que estar monitoreándola. Solo vine por unos documentos y después me retiraré de nuevo.

—¿Quién es?

La pregunta salió de mis labios por simple curiosidad.

Tadeo se quedó quieto durante un instante.

—Una mujer…

Su respuesta fue demasiado corta.

Lo miré con curiosidad, pero no insistí.

—Entiendo.

Tadeo tomó algunos documentos del escritorio.

—Espérame aquí. En un rato regreso. No te vayas.

—Sí. De hecho, también vine porque necesito un consejo de amigo.

Solté un suspiro.

Tadeo dejó de revisar los documentos y me miró.

—¿Sobre qué?

Negué con la cabeza.

—Cuando regreses te cuento.

Pareció analizarme durante unos segundos.

—Está bien. Espérame, Christian. Volveré en cuanto pueda.

Asentí.

Lo vi salir de la oficina y cerrar la puerta detrás de él.

Me quedé solo.

Por unos segundos observé mi mano, todavía cubierta por la corbata.

Después miré hacia la puerta.

Me pregunté quién sería aquella mujer y qué había ocurrido para que Tadeo estuviera tan preocupado.

Sin embargo, decidí no darle demasiadas vueltas.

Tenía mis propios problemas.

Me recosté ligeramente en la silla y pasé una mano por mi rostro.

Necesitaba hablar con alguien.

Y, si había una persona capaz de decirme qué demonios estaba haciendo mal con Valentina, esa persona era Tadeo.

Un par de minutos después, la puerta volvió a abrirse.

Una enfermera entró empujando un pequeño carrito de curación.

—El doctor San Román me pidió que atendiera su mano.

—Gracias.

La mujer colocó el carrito junto al escritorio y comenzó a preparar el material.

Mientras ella retiraba con cuidado la corbata que había utilizado para detener el sangrado, no pude evitar mirar nuevamente hacia la puerta.

✨ También te puede gustar... ✨

💬 Deja tu comentario

🩷
Gracias por leer.

Si este capítulo te hizo sonreír, emocionarte o enojarte, cuéntamelo. Leer tus comentarios es una de las cosas que más me motiva a seguir escribiendo.

🎧

Escucha este capítulo

¿Prefieres relajarte y dejar que la historia cobre vida?

Buscando voces disponibles...
♡
🎧
Ahora estás escuchando Capítulo 43
♡
🎙️ Voz automática
Listo para comenzar
Velocidad de lectura:

Puedes seguir leyendo mientras escuchas el capítulo.

Scroll al inicio