Capítulo 8
—Valentina…
La voz de Briana consiguió sacarme de mis pensamientos. Parpadeé varias veces y levanté la mirada hacia ella, intentando regresar al presente después de haber viajado durante unos minutos a un pasado que todavía conseguía dolerme. Briana me observaba con cierta cautela, como si estuviera buscando la manera correcta de decirme algo. Sus dedos jugaban distraídamente con la taza de té que acababa de llevarnos la señora Martha y, por unos segundos, permaneció en silencio hasta que finalmente soltó un suspiro.
—Yo… a veces me siento tan culpable.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿De qué hablas, Briana?
Ella sonrió de una manera extraña, casi negando con la cabeza mientras bajaba la mirada hacia su taza.
—Es solo que… a veces me pregunto si tú estás de acuerdo con que Christian esté tan pendiente de nosotros.
Sentí cómo mi respiración se detenía durante un par de segundos. No esperaba aquella pregunta. Hasta ese momento había pensado que todo lo que ocurría entre Christian y su familia era algo que solamente yo había notado, algo que podía observar desde lejos y fingir que no me afectaba. Pero escuchar aquellas palabras de boca de Briana me hizo comprender que ella era perfectamente consciente de las atenciones que mi esposo tenía hacia ellos.
—¿Por qué me preguntas eso? —conseguí decir.
Briana levantó la mirada y me dedicó una sonrisa pequeña.
—Porque él ha sido un gran apoyo para mí, Valentina. Cuando Marcelo murió… —hizo una pausa y tragó saliva—. Sentí que me moría con él. No sabía qué hacer, cómo seguir adelante, mucho menos cómo criar sola a Santi. Christian me prometió que cuidaría de nosotros como a su hermano le hubiera gustado, que nunca nos dejaría desamparados y, hasta ahora, ha cumplido su promesa. Pero… no lo sé. A veces pienso en ti y me pregunto si yo estuviera en tu lugar, si realmente vería con buenos ojos que mi esposo pasara tanto tiempo con otra familia.
La miré en silencio.
Por un instante no supe qué responder.
Una parte de mí quería preguntarle por qué había elegido precisamente esas palabras. Quería saber si alguna vez había percibido algo diferente en Christian, si alguna vez había notado la manera en que él la miraba o si aquellas atenciones significaban para ella algo más de lo que yo quería imaginar. Pero no dije nada de eso. No podía permitirme hacerlo. Una mujer como yo no podía mostrar su vulnerabilidad delante de otra persona, mucho menos dentro de mi propia familia política. Mi suegra siempre había sido muy clara respecto a eso: el orgullo estaba ante todo. Nunca debíamos permitir que alguien nos viera débiles, mucho menos cuando sabíamos que cualquier muestra de inseguridad podía terminar utilizándose en nuestra contra.
Además, ¿qué ganaría enfrentándome a Briana?
Nada.
Si había un conflicto entre nosotras, yo sabía perfectamente de qué lado estaría Christian.
Así que sonreí.
—No tienes de qué preocuparte, Briana. Christian solamente hace lo que cualquier hombre responsable haría por su sobrino. Estoy consciente de que Santi necesita una figura paterna y creo que la ha encontrado en Christian. Él es su tío, después de todo. Es normal que quiera pasar tiempo con él.
Las palabras salieron de mi boca con una facilidad que incluso a mí me sorprendió. No sabía si realmente las creía o si simplemente me había vuelto demasiado buena fingiendo que todo estaba bien. Briana pareció relajarse inmediatamente y una sonrisa sincera apareció en su rostro.
—Gracias —dijo—. Ahora me siento mucho mejor. A veces extraño muchísimo a Marcelo, pero otras veces recuerdo que no estoy sola, que tengo a Santi conmigo y que él me necesita. Haría cualquier cosa para que mi hijo fuera feliz.
Asentí lentamente.
—Eres una gran madre, Briana. Y siempre puedes contar conmigo también para lo que sea.
Ella me sonrió y durante unos segundos permanecimos en silencio. Yo tomé un pequeño sorbo de mi té, intentando convencerme de que la conversación había terminado, pero Briana volvió a suspirar. Esta vez su expresión cambió. Había algo de nostalgia en sus ojos, una tristeza que parecía venir de un recuerdo muy lejano.
—Tal vez… si no me hubiera casado con Marcelo, él todavía estaría vivo.
Fruncí el ceño de inmediato.
—¿Por qué dices eso? —pregunté, dejando la taza sobre el platillo—. ¿Cómo ibas a saber que él iba a fallecer?
Briana negó lentamente con la cabeza.
—No es eso. Es solo que… antes de comprometerme con Marcelo, nuestros padres querían que Christian y yo fuéramos pareja.
Sentí que todo mi cuerpo se quedaba inmóvil.
—¿Qué?
Briana pareció sorprenderse por mi reacción, pero continuó hablando con aquella naturalidad que me hizo sentir como si acabara de abrir una puerta hacia una parte de la historia de los Kuri que yo jamás había conocido.
—Sí. Cuando éramos más jóvenes, nuestras familias pensaban que Christian y yo haríamos una buena pareja. Nuestros padres incluso llegaron a hablar de un posible compromiso, pero después no sé exactamente qué pasó. Mis padres terminaron acordando mi unión con Marcelo.
Sentí un vacío extraño en el estómago.
Christian y Briana.
Una posibilidad de matrimonio que había existido antes de que yo apareciera en sus vidas.
Y yo no tenía la menor idea.
—Pero nunca me arrepentí de haberme casado con Marcelo —continuó ella con una pequeña sonrisa—. Él siempre fue un buen esposo. Me amó, me cuidó y me dio el regalo más bonito de mi vida.
Briana llevó una mano hasta su pecho.
—Mi hijo.
La observé sin saber qué decir.
Durante dos años había vivido dentro de la familia Kuri, había compartido reuniones, celebraciones, comidas y acontecimientos importantes, pero nunca nadie me había contado aquello. Nunca había sabido que antes de que mi abuela y la familia Kuri acordaran mi matrimonio con Christian, había existido otra posibilidad para él.
Una posibilidad que tenía el rostro de Briana.
—¿Ustedes…? —solté finalmente, incapaz de ocultar la incredulidad en mi voz.
Briana me miró confundida.
—¿No lo sabías?
Negué lentamente con la cabeza.
—No.
Por primera vez desde que aquella conversación había comenzado, Briana guardó silencio.
Y yo sentí que algo dentro de mí acababa de cambiar.
Porque de pronto todas aquellas miradas, todas aquellas atenciones y todos aquellos años de cercanía entre Christian y Briana parecían adquirir un significado diferente.
Y no sabía si quería conocer la verdad que se escondía detrás de ellas.
