✦ UNA HISTORIA DE NANCY RDZ ✦

Capítulo 21

Tiempo estimado de lectura: 7 minutos
Publicado el 9 de septiembre de 2026

Ponte cómoda y disfruta de la historia.

Valentina Montesinos

Cuando volví a abrir los ojos, sentí de inmediato una presión extraña en el pecho. Durante unos segundos no pude entender dónde estaba ni qué había sucedido. Lo último que recordaba era estar de pie en medio de aquella conversación tan incómoda entre Christian y el doctor San Román, intentando mantenerme en pie mientras sentía que las fuerzas abandonaban mi cuerpo. Tragué saliva al percibir un dolor punzante en la cabeza y giré un poco el rostro para descubrir dónde me encontraba. Estaba recostada sobre un sofá de cuero, al parecer dentro de una de las salas privadas del club. A unos pasos de mí, en un sillón marrón, Christian permanecía sentado con los codos apoyados sobre las rodillas y la mirada fija en el suelo, como si estuviera meditando sobre algo que lo mantenía completamente absorto. El leve movimiento que hice fue suficiente para llamar su atención y, cuando levantó el rostro hacia mí, nuestras miradas se encontraron.

—Ya despertaste —afirmó con desdén.

Mi espalda se tensó de inmediato. El miedo se apoderó de mí al pensar que quizá el doctor San Román le había contado algo mientras yo permanecía inconsciente. Observé el rostro de Christian intentando descubrir qué sabía, pero su expresión era demasiado seria y aquella mirada oscura que tantas veces había conseguido hacerme sentir pequeña parecía más fría que nunca. Me incorporé lentamente hasta quedar sentada, apoyando la espalda contra el respaldo del sofá.

—Yo…

—Te desmayaste, Valentina —terminó él por mí.

Su voz sonó seca, sin una pizca de preocupación, aunque no podía evitar preguntarme si debajo de aquella dureza había algo más. Christian se puso de pie y, en lugar de volver a ocupar su asiento, se sentó en el borde de la pequeña mesa que estaba frente al sofá. La cercanía hizo que nuestros rostros quedaran a pocos centímetros de distancia y, aunque intenté apartar la mirada, terminé encontrándome con sus ojos. Por un instante pude observar cada detalle de su rostro: la mandíbula tensa, el ceño ligeramente fruncido y aquella expresión que no lograba descifrar.

—Dime la verdad —exigió—. ¿Comiste algo antes de venir al evento?

Fruncí los labios y negué lentamente con la cabeza. No tenía sentido seguir mintiendo, no después de haber terminado inconsciente frente a él.

Christian chasqueó la lengua con molestia y soltó un largo suspiro mientras se pasaba una mano por el cabello perfectamente peinado, desordenándolo ligeramente. Después volvió a mirarme y sentí que el aire comenzaba a pesarme en los pulmones. Siempre me había resultado difícil sostenerle la mirada cuando estaba enfadado. Había algo en él que conseguía intimidarme incluso cuando no levantaba la voz.

—Tadeo tenía razón —dijo finalmente—. Él dijo que lo más probable era que no hubieras comido nada antes del evento, porque era muy temprano en la mañana. Según él, tal vez sufriste una baja de glucosa. Nada de qué preocuparse, pero…

Hizo una pausa y pude notar cómo su expresión se endurecía todavía más.

—¿Sabes lo que sentí yo cuando me preguntó qué habías comido durante el desayuno? —continuó, elevando ligeramente la voz—. Me sentí como el peor de los esposos. Me hiciste quedar como un esposo irresponsable frente a uno de mis mejores amigos, que además es uno de los mejores cirujanos del país. ¿Te das cuenta, Valentina? Todas las personas que estaban en el evento se enteraron de tu desmayo. Ahora deben estar especulando si estás embarazada.

Christian soltó una media sonrisa cargada de ironía que me hizo sentir todavía peor.

—Lo que no saben es que tú y yo ni siquiera tenemos relaciones.

Aquella afirmación cayó entre nosotros con una fuerza que me dejó sin palabras. Una ola de escalofríos recorrió mi cuerpo mientras bajaba la mirada. Era verdad. Hacía mucho tiempo que Christian y yo habíamos dejado de compartir cualquier tipo de intimidad. Nuestro matrimonio se había convertido en una simple convivencia, en dos personas que dormían bajo el mismo techo y que, a pesar de llevar dos años casados, cada día parecían más desconocidas.

—Christian… —murmuré, sintiendo un nudo en la garganta.

Él levantó el dedo índice y lo llevó frente a sus labios, indicándome que no lo interrumpiera.

—Todavía no termino.

—Tadeo también me preguntó si en tu día a día sueles estar muy ocupada o estresada. Dijo que tenía que revisar si tal vez estabas pasando por algún tipo de cuadro de estrés.

Christian soltó una risa cargada de sarcasmo, como si aquello le resultara gracioso y, al mismo tiempo, le molestara demasiado. Se pasó una mano por la mandíbula antes de volver a clavar sus ojos en mí.

—Dime, Valentina, ¿cómo le explico que mi esposa es la mujer más mimada de la ciudad? Que en casa tiene sirvientes que hacen todo por ella, incluso prepararle la comida, cuando se supone que estudiaste gastronomía en uno de los mejores institutos de la ciudad. ¿Cómo le explico que tú no tienes necesidad de mover ni un dedo en esta casa? Nada te falta. Así que estrés no es precisamente lo que debería estar provocándote esto.

Cada una de sus palabras consiguió hacerme sentir más pequeña. Bajé la mirada hacia mis manos, que descansaban sobre mi regazo, mientras intentaba contener las lágrimas que comenzaban a acumularse en mis ojos. No quería llorar frente a él. No quería darle otra razón para pensar que estaba haciendo un drama por algo que, según él, no tenía importancia.

—Aunque últimamente he estado pensando que tal vez todo esto es para llamar mi atención, ya que olvidé nuestro aniversario de bodas —añadió.

Mis ojos se abrieron como platos y levanté el rostro de inmediato. ¿De verdad pensaba eso de mí? ¿Después de todo lo que había ocurrido entre nosotros? ¿Después de tantos meses sintiéndome ignorada, intentando acercarme a él y recibiendo siempre la misma indiferencia? Jamás había pensado en desmayarme para conseguir que Christian me prestara atención. Ni siquiera se me había ocurrido algo semejante.

—Yo no lo estoy haciendo para llamar tu atención, lo juro —respondí casi de inmediato, sin siquiera tener tiempo de procesar mis palabras.

Christian se puso de pie con rapidez y me señaló con el dedo índice, haciendo que mi cuerpo se tensara.

—Si no es para llamar mi atención, entonces, cuando salgas de aquí, le darás las gracias a Tadeo por haberse quedado hasta cerciorarse de que estuvieras bien. Además, apartó un espacio en su agenda para mañana y hará los estudios que nos ha prometido. Después te despedirás de mi madre y le dirás que todo está bien, que solo fue un susto y que se te bajó la glucosa.

Lo observé en silencio durante unos segundos. Quise decirle que no había sido simplemente un susto, que había algo mucho más grave detrás de todo aquello y que el doctor Mendiola ya me había advertido que necesitaba comenzar un tratamiento cuanto antes. Quise decirle que mañana no necesitaba unos simples estudios, sino que necesitaba enfrentar una realidad que podía cambiar mi vida por completo.

Pero no pude.

Apreté los labios y asentí lentamente. No tenía caso discutir con Christian en un lugar público. Sabía perfectamente que, si lo hacía, terminaría acusándome para siempre de haber manchado su imagen como el esposo perfecto que todos creían que era. Y, por alguna razón, sentí que aquello le importaba mucho más que saber qué estaba ocurriendo realmente conmigo.

✨ También te puede gustar... ✨

💬 Deja tu comentario

🩷
Gracias por leer.

Si este capítulo te hizo sonreír, emocionarte o enojarte, cuéntamelo. Leer tus comentarios es una de las cosas que más me motiva a seguir escribiendo.

🎧

Escucha este capítulo

¿Prefieres relajarte y dejar que la historia cobre vida?

Buscando voces disponibles...
🎧
Ahora estás escuchando Capítulo 21
🎙️ Voz automática
Listo para comenzar
Velocidad de lectura:

Puedes seguir leyendo mientras escuchas el capítulo.

Scroll al inicio