✦ UNA HISTORIA DE NANCY RDZ ✦

Capítulo 34

♧
◷ Tiempo estimado de lectura: 7 minutos
✦ Publicado el 25 de septiembre de 2026
♡

Ponte cómoda y disfruta de la historia.

✦Tadeo San Román✦

Después de despedir a Valentina, regresé a mi asiento y me quedé unos segundos mirando la puerta que acababa de cerrar.

Había muchas cosas que no entendía.

Conocía a Christian desde hacía años. Sabía que podía ser reservado, obstinado y demasiado racional cuando se trataba de negocios, pero también sabía que no era un hombre que hablara de su vida personal con cualquiera. Por eso me resultaba difícil comprender cómo habíamos llegado hasta ese punto.

Siempre me había dicho que su matrimonio estaba bien.

Nunca lo escuché quejarse de Valentina. Al contrario, cuando alguien preguntaba por ella, hablaba de su esposa con la naturalidad de quien considera que su vida está exactamente donde debe estar.

Cerré los ojos por un momento.

Entonces recordé una tarde de varios años atrás.

Christian había aparecido en mi consultorio sin avisar. No tenía ninguna cita y, por la manera en que entró, pensé que se trataba de algo relacionado con el hospital o con alguno de sus negocios.

Pero en cuanto se sentó frente a mí, supe que no.

Sonreía.

Y eso era raro.

—¿Qué te pasó? —pregunté mientras dejaba la pluma sobre el escritorio—. Pareces contento.

Christian soltó una risa.

—Conocí a mi futura esposa.

Lo miré unos segundos.

—¿Tu futura esposa?

—Sí.

—Pero tú no tienes novia.

—Ya lo sé.

Se acomodó en el sillón y volvió a sonreír.

—Precisamente por eso vine a contártelo.

—Entonces explícame.

Christian apoyó los brazos sobre las piernas.

—Mi padre ha dispuesto que me case con una mujer.

—Eso ya lo sabía. ¿No era un asunto que todavía estaban negociando?

—Lo era.

—¿Y qué cambió?

Christian levantó la mirada.

—La conocí.

No pude evitar sonreír.

—Eso parece bastante obvio.

—No te burles.

—No me estoy burlando. Solo estoy tratando de entender cómo pasaste de querer rechazar el compromiso a venir hasta aquí para anunciarme que ya tienes futura esposa.

Christian negó con la cabeza.

—Cuando mi padre me habló de ella, pensé que no me iba a agradar.

—¿Por su familia?

—Sí.

Esperé.

—Es hija de la mujer que mi padre amó antes de casarse con mi madre.

Aquello me hizo entender un poco más.

—Pensé que sería suficiente para rechazarla.

—¿Y no lo fue?

Christian soltó una risa.

—Ese es el problema.

Lo observé en silencio.

—Cuando la conocí… —hizo una pausa, buscando las palabras—. No sé cómo explicarlo, Tadeo. Me descolocó.

—¿Te descolocó?

—Sí. Esperaba encontrar a una mujer consentida, quizá arrogante, alguien que creyera que por el pasado de su madre tenía algún derecho sobre mi familia.

—¿Y qué encontraste?

Christian sonrió.

—Todo lo contrario.

Se quedó unos segundos en silencio.

—Es hermosa.

—Eso no es suficiente para casarte con alguien.

—Ya sé.

—Entonces, ¿qué más?

Christian me miró como si hubiera estado esperando esa pregunta.

—Es tímida, pero no es ingenua. Es inteligente. Habla poco, pero cuando lo hace sabe exactamente qué decir. Y tiene una forma de mirar…

Se detuvo.

—¿Una forma de mirar?

—Sí.

—Christian, te conozco. No estás describiendo a una mujer que simplemente te pareció agradable.

Sonrió.

—Tal vez no.

Me recosté en el respaldo.

—¿Ya estás enamorado?

—No.

La respuesta fue inmediata.

Después se quedó pensativo.

—Aunque… no sé.

—Ahí está.

—¿Qué?

—Que no sabes.

Christian soltó una carcajada.

—Por eso vine a verte.

—¿Y qué quieres que te diga?

—No lo sé. Tú eres el sensato.

—Eso suena a que ya tomaste una decisión y solo quieres que yo te diga que es buena.

—Todavía no he decidido nada.

Lo observé.

Había llegado diciendo que aquella mujer sería su futura esposa, había descrito sus ojos, su personalidad y hasta la forma en que lo hacía sentir, y aun así insistía en que no había tomado una decisión.

Christian sonrió.

—La invité a cenar para conocerla mejor.

—¿Y ella aceptó?

—Sí.

—Entonces ya vas bastante avanzado.

—Solo quiero saber si realmente somos compatibles.

—Eso se descubre con tiempo, no en una cena.

—Una cena es un comienzo.

—Eso sí.

Christian se quedó pensativo unos segundos.

—Se llama Valentina… Valentina Montesinos.

Repetí mentalmente el nombre.

—¿Y qué es lo que tanto te preocupa?

Su expresión cambió ligeramente.

—Que sea tan perfecta.

Lo miré con incredulidad.

—¿Eso te preocupa?

—Pensé que encontraría algo que me diera una razón para rechazarla. Quería demostrarle a mi padre que no era la mujer para mí. Pero después la conocí y…

Se encogió de hombros.

—No encontré nada.

—Entonces deja de buscarlo.

Christian me miró.

—¿Así de sencillo?

—No. Pero tampoco tienes que complicarlo antes de tiempo.

Tomé nuevamente la pluma.

—Si te parece una buena mujer, conócela. Habla con ella. Descubre qué quiere, qué espera de la vida y si realmente pueden construir algo juntos.

Christian permaneció callado.

—¿Y el pasado?

—No es de ella.

—Es la hija de esa mujer.

—Pero no es esa mujer.

Christian bajó la mirada.

—Mi padre quiere protegerla. Sus padres murieron y su abuela está enferma. Cuando ella falte, Valentina se quedará sola.

Christian levantó una ceja.

—No te gusta la idea.

—No he dicho eso. Es el hecho de que mi padre quiera protegerla, de pronto darle el mundo solo por que a su madre no pudo.

Christian se quedó callado un momento.

—Pero… hay algo en ella.

—¿Qué?

—No sé.

—Pues descúbrelo.

Christian sonrió.

—¿Eso es todo?

—¿Qué más quieres que te diga?

—Algo más profundo.

—Soy médico, no consejero matrimonial.

—Eres mi amigo.

—Precisamente por eso te digo que no hagas algo de lo que puedas arrepentirte.

Christian asintió lentamente.

—Creo que quiero darle una oportunidad.

—Entonces hazlo.

—¿Y si no funciona?

—Lo sabrás cuando llegue el momento.

Christian sonrió nuevamente.

—Marcelo me ha dicho lo mismo que tú, que le de la oportunidad, su matrimonio también fue un convenio y ahora mismo él y Briana son felices.

—Sigue el consejo de Marcelo.

Los dos reímos.

Christian se levantó del sillón y tomó su saco.

—Tengo que irme, tengo una cena con mi futura esposa.

—¿Ya tienes reservación?

—Por supuesto.

Negué con la cabeza.

—No pierdes el tiempo.

—No quiero hacerlo.

Lo acompañé hasta la puerta.

Antes de salir, Christian se volvió hacia mí.

—Tadeo.

—¿Sí?

—Creo que podría gustarme de verdad.

Lo observé unos segundos.

No parecía estar bromeando.

—Entonces procura conocerla antes de decidir qué vas a hacer con ella.

Christian sonrió.

—Lo haré.

Y se fue.

Abrí los ojos y regresé al presente.

Miré nuevamente el sillón frente a mi escritorio.

El mismo en el que Christian se había sentado aquella tarde.

El mismo que, años después, había ocupado Valentina.

Me quedé pensando en aquella conversación.

Christian había llegado entonces lleno de dudas, pero también de una ilusión que no había visto en él muchas veces. Hablaba de Valentina con entusiasmo, se apresuraba al responder y parecía incapaz de ocultar cuánto le había impresionado conocerla.

Y ahora ella estaba frente a mí convencida de que aquel hombre nunca la había amado.

No entendía qué había sucedido entre ellos durante esos años.

Pero sí sabía algo.

Christian había cambiado.

O quizá el matrimonio había cambiado a los dos.

Tomé la pluma y la hice girar entre mis dedos.

Valentina tenía una enfermedad que todavía necesitábamos controlar y, además, estaba intentando salir de un matrimonio que parecía mucho más complicado de lo que cualquiera desde fuera habría imaginado.

Christian, por su parte, seguía aferrado a una relación que ella ya no quería.

Y yo estaba en medio de todo aquello.

Como médico, mi obligación era clara.

Pero como amigo de Christian, la situación era mucho más complicada.

Había algo en Valentina que siempre despertó mi curiosidad, ahora le había prometido guardar silencio ocultando su enfermedad a mi propio amigo, me preguntaba por que había sido tan fácil no decirle que no a ella. 

No solo quería entender qué había ocurrido entre ellos.

Quería entenderla a ella.

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