✦ UNA HISTORIA DE NANCY RDZ ✦

Capítulo 49

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◷ Tiempo estimado de lectura: 6 minutos
✦ Publicado el 19 de octubre de 2026
♡

Ponte cómoda y disfruta de la historia.

✦Christian Kuri✦

Observaba la oficina de Tadeo mientras esperaba su regreso. Las paredes estaban pintadas de un tono neutro y la decoración era sobria, casi minimalista. No había demasiados objetos sobre los muebles ni fotografías por todas partes, solamente lo necesario para que aquel lugar resultara cómodo y funcional. Todo era tan sencillo como él. Tadeo siempre había sido así, práctico, tranquilo y poco interesado en las cosas que para mí muchas veces eran importantes. Por un instante pensé que, si tan solo mi vida pudiera ser así de sencilla, quizá no tendría que estar lidiando con tantos problemas al mismo tiempo, pero parecía que cada día encontraba una nueva razón para complicarse.

Exhalé lentamente y miré mi mano. La enfermera había limpiado la herida y la había vendado, así que al menos aquel problema estaba resuelto. Lo que no podía resolver era lo que había sucedido con Valentina. Por más que intentaba entenderla, cada vez que pensaba en nuestra discusión terminaba sintiéndome más confundido. Una parte de mí seguía molesta por la manera en que me había rechazado, pero otra no podía dejar de pensar en sus lágrimas, en la forma en que me había mirado y en todo lo que había dicho antes de marcharse.

Estaba a punto de ponerme de pie para regresar a casa cuando escuché que la puerta de la oficina se abría. Levanté la mirada y vi a Tadeo entrar. Cerró la puerta detrás de él y caminó hasta su escritorio antes de dejarse caer en la silla.

—Pensé que no ibas a regresar. ¿Qué tal te fue con la mujer enferma? —pregunté a manera de saludo.

Tadeo se quedó unos segundos en silencio antes de responder.

—Es un caso difícil.

Su tono me llamó la atención.

—¿Por qué? ¿Quieres platicarme?

Tadeo inhaló profundamente y tomó una pluma que estaba sobre el escritorio. Comenzó a hacerla girar entre sus dedos mientras mantenía la mirada sobre mí.

—Es una persona solitaria. No tiene mucho apoyo por parte de su familia y tiene una enfermedad que puede complicarse bastante si no recibe el tratamiento adecuado a tiempo.

Lo observé con atención.

Tadeo parecía abatido.

Lo conocía desde hacía muchos años y sabía perfectamente cómo era con sus pacientes. Se involucraba demasiado con ellos. No solamente veía enfermedades y resultados de análisis; veía personas. Se preocupaba por cada uno como si fueran alguien cercano y, aunque en ocasiones aquello podía convertirse en una carga para él, también era una de las cosas que más admiraba de mi amigo.

Tadeo era demasiado humanitario.

Quizá por eso siempre había sido quien me recordaba que detrás de las empresas, los contratos y los números existían personas.

Era una de las pocas personas capaces de hacerme regresar a esa parte de mí que a veces parecía desaparecer entre todas las responsabilidades que tenía.

—¿No tiene esposo? —pregunté.

Tadeo asintió.

—Sí, lo tiene.

Hizo una pausa y su expresión se endureció.

—Pero, al parecer, resulta que es un cabrón con ella. 

Abrí un poco los ojos.

Era raro escuchar a Tadeo hablar de alguien de aquella manera. No solía insultar a las personas, mucho menos a sus pacientes o a los familiares de estos.

—Pobre mujer —exhalé.

Tadeo dejó la pluma sobre el escritorio.

—Lo es.

—Supongo que la apoyarás. Tenemos los suficientes recursos para hacerlo.

Lo dije con seguridad. Si aquella mujer necesitaba tratamiento, medicamentos o cualquier otra cosa que el hospital pudiera proporcionarle, no veía por qué no ayudarla. Teníamos los recursos necesarios y Tadeo siempre había tenido mi respaldo.

Sin embargo, mi amigo no respondió inmediatamente.

—Tengo miedo, Christian.

Fruncí el ceño.

—¿Miedo de qué?

Tadeo levantó la mirada, pero sus ojos parecieron perderse en algún punto de la oficina.

—Hay cosas en la vida que ni siquiera el dinero puede comprar.

No entendí a qué se refería.

—Pero puede ayudar, el dinero siempre ayuda —dije con seguridad.

Tadeo sonrió de lado.

—Sí. Puede ayudar.

Tomó nuevamente la pluma y comenzó a girarla entre sus dedos.

—Pero si su enfermedad no mejora y dejamos pasar demasiado tiempo, esta mujer podría necesitar un trasplante. Y un trasplante puede tardar incluso años cuando se depende de una lista de espera.

Me quedé callado durante unos segundos.

No esperaba que la situación fuera tan grave.

—Lo siento, pero no lo veas como un fracaso médico. Es culpa del cabrón de su esposo por no apoyar a su propia mujer. Tú ya estás haciendo todo lo que está en tus manos para salvarla.

Tadeo levantó la mirada hacia mí.

Durante unos segundos no dijo nada.

Había algo extraño en sus ojos, pero no conseguí descifrarlo.

Finalmente dejó la pluma sobre el escritorio y se recargó en su silla.

—Dijiste que necesitabas un consejo… ¿Sucede algo?

Recordé entonces la razón por la que había ido hasta allí.

Me quedé en silencio unos segundos.

No sabía por dónde empezar.

—Sí.

Tadeo entrelazó las manos sobre el escritorio y esperó.

—Es sobre Valentina.

Su expresión cambió ligeramente.

Lo noté, pero no le di importancia.

—¿Qué ocurre con ella?

Pasé una mano por mi cabello.

—No la entiendo —exhalé de nuevo —no se que hacer, Tadeo… Últimamente todo se ha vuelto confuso.

La confesión quedó suspendida entre nosotros. Tadeo no respondió de inmediato. Se limitó a observarme desde el otro lado del escritorio, con los brazos apoyados sobre la superficie y una expresión que no supe interpretar. Yo esperaba que me diera algún consejo, quizá una solución sencilla, algo que pudiera hacer para recuperar el control de una situación que se me estaba escapando de las manos.

Pero él solo preguntó:

—¿Por qué dices que no la entiendes?

Solté el aire lentamente y me pasé una mano por el cabello.

—Porque cambió. No sé cuándo ocurrió exactamente, pero cambió. Antes Valentina era diferente conmigo. —Hice una pausa, intentando ordenar todo lo que llevaba días acumulando—. Ahora está celosa de Briana. Todo lo que hago termina convirtiéndose en una excusa para acusarme de infidelidad. Si voy a casa de Briana porque tengo que ver a Santi, se molesta. Si hablo con ella, se molesta. Si Briana me cuenta algo, Valentina interpreta que hay algo más.

Tadeo frunció ligeramente el ceño.

—¿Y hay algo más?

Lo miré.

—No, no lo hay.

—Entonces explícame por qué te sorprende que esté celosa si tú pasas tanto tiempo con tu cuñada.

—Porque es Briana. Es la esposa de mi hermano.

—Si, pero también tu tienes una historia con ella y lo sabes.

Su respuesta fue demasiado tranquila.

—Eso es pasado. Además, prometí cuidar de ella y de Santi después de la muerte de Marcelo.

—También lo sé.

—Entonces no entiendo cuál es el problema.

Tadeo se recostó en su silla.

—Quizá el problema no sea Briana.

Me quedé callado unos segundos.

—¿Entonces qué?

—Quizá el problema es que tu esposa siente que no tiene un lugar en tu vida.

La frase me molestó.

—Eso no es cierto.

—¿No?

—Valentina tiene todo lo que necesita.

Tadeo arqueó una ceja.

—No te pregunté qué tiene. Te pregunté si tiene un lugar.

Apreté la mandíbula.

No me gustaba hacia dónde estaba llevando aquella conversación.

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