✦ UNA HISTORIA DE NANCY RDZ ✦

Capítulo 55

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◷ Tiempo estimado de lectura: 7 minutos
✦ Publicado el 24 de octubre de 2026
♡

Ponte cómoda y disfruta de la historia.

✦Valentina Montesinos✦

Tragué saliva y bajé la mirada hacia la tableta que Isabella sostenía frente a mí.

Una parte de mí esperaba que Briana consiguiera convencerlo de cambiar de opinión. Conocía su manera de insistir, sus quejas y la facilidad con la que podía conseguir que los demás se sintieran culpables por contrariarla. Christian podía mostrarse inflexible en los negocios, pero con su familia las cosas eran distintas. Muchas veces prefería ceder antes que enfrentarse a una discusión que consideraba innecesaria.

Si Briana le hacía uno de sus habituales berrinches, ¿se retractaría de lo que había ordenado?

Me obligué a concentrarme en las explicaciones de Isabella, aunque no conseguía dejar de prestar atención a los movimientos de mi cuñada. Finalmente, Briana terminó la llamada. Se quedó mirando la pantalla durante unos segundos antes de guardarse el teléfono y caminar hacia nosotras.

Su sonrisa había desaparecido.

—Voy a la vinoteca de la ciudad para revisar los vinos que se servirán durante la celebración —anunció con un tono seco—. Al parecer, también debo encargarme de eso.

—Si necesitas que revisemos las opciones juntas, puedo acompañarte —ofrecí, más por cortesía que por verdadero deseo de hacerlo.

—No hace falta, Valentina. Ya sé lo que tengo que hacer.

Sus palabras fueron correctas, pero la forma en que me miró no tenía nada de amable. Había una frialdad en sus ojos que contrastaba con la expresión tranquila que intentó recuperar al final de la frase. Después se dio la vuelta y se marchó con pasos apresurados, sin esperar una respuesta.

La seguí con la mirada hasta que desapareció de mi campo visual.

Estaba molesta. Eso era evidente.

Y, por primera vez, Christian había permitido que su descontento no fuera suficiente para conseguir lo que quería.

—¿Desea que continuemos con la lista de proveedores, señora Kuri? —preguntó Isabella, devolviéndome al presente.

—Sí, por favor. Tenemos mucho que hacer.

Volví a concentrarme en los documentos, procurando no pensar demasiado en lo que acababa de ocurrir.

Estábamos revisando las propuestas para el mobiliario cuando mi celular comenzó a vibrar sobre la mesa.

Al ver el nombre que aparecía en la pantalla, sentí un pequeño vuelco en el estómago.

Me quedé observándolo durante un instante antes de contestar. Todavía tenía presente la imagen de su rostro la noche anterior, la preocupación que había visto en sus ojos cuando me sacó del agua y la manera en que me había abrazado mientras me quedaba dormida. 

—¿Sí? —respondí, intentando mantener la voz serena.

—¿Recibiste mi ofrenda de tregua? —preguntó Christian al otro lado de la línea.

Miré la carpeta abierta frente a mí y a Isabella, que se había apartado discretamente para permitirme hablar.

—Estoy revisando los preparativos del aniversario. Tu asistente ya me ha mostrado el trabajo que tiene adelantado.

Desvié el tema.

—Bien. Entonces supongo que ya sabes por qué la envié.

—Tengo una idea, pero preferiría escucharlo de ti.

Hubo una breve pausa. Pude imaginarlo en su despacho, sentado detrás de su escritorio, con esa expresión seria que utilizaba cuando quería dejar claro que una decisión no estaba sujeta a discusión.

—Lo he estado pensando, Valentina —dijo finalmente—. He decidido que podemos comenzar de cero.

Fruncí ligeramente el ceño.

—¿Comenzar de cero?

—Nuestro matrimonio. Nuestra convivencia. Todo lo que hemos estado haciendo mal durante estos dos años.

Dejé de respirar por un instante.

No esperaba escuchar aquellas palabras de su boca. Después de tanto tiempo intentando acercarme a él sin conseguirlo, después de haberle pedido el divorcio y de haberme preparado para aceptar que jamás obtendría el matrimonio que había deseado, Christian me estaba diciendo que quería empezar de nuevo.

—Por eso he dado el primer paso —continuó—. He decidido que tengas el apoyo necesario para organizar el aniversario y que puedas tomar las decisiones que consideres convenientes. Espero que estés complacida.

Miré los documentos sobre la mesa sin ver realmente lo que tenía delante.

¿Complacida?

No sabía qué sentir. Una parte de mí quería aferrarse a aquellas palabras, encontrar en ellas una esperanza que llevaba demasiado tiempo intentando enterrar. Otra, más cautelosa, me recordaba que Christian nunca actuaba sin pensar en las consecuencias. Si había decidido cambiar las reglas de nuestra relación, debía de existir una razón que todavía no me había explicado.

—No sé qué decirte —admití.

—No necesitas decir nada por ahora. Solo quiero que entiendas una cosa, Valentina. Eres mi esposa. Eres la señora Kuri y, mientras lleves mi apellido, tendrás todo lo que necesites para vivir como corresponde a tu posición. Si quieres algo, pídelo. Si necesitas ayuda, tendrás a alguien que te la proporcione. No quiero que vuelvas a sentir que tienes que encargarte de todo sola.

Sus palabras me apretaron el pecho.

Durante dos años había deseado que Christian me mirara como a una esposa y no como a una obligación. Había esperado que se interesara por mis necesidades, que quisiera compartir conmigo algo más que una casa y un apellido. Y ahora, cuando por fin había comenzado a aceptar que debía marcharme para salvar lo poco que quedaba de mí, él parecía dispuesto a ofrecerme una oportunidad.

Pero ¿por qué ahora?

¿Por qué después de que le pidiera el divorcio?

—Christian… —comencé, sin saber exactamente qué quería preguntarle.

—Estoy dispuesto a cambiar algunas cosas entre nosotros, pero hay algo que debes tener muy claro.

Mis dedos se cerraron alrededor del celular.

—¿Qué cosa?

—Puedes pedirme lo que quieras. Tendrás mi apoyo y podrás tomar las decisiones que te correspondan como mi esposa. Pero hay una cosa que nunca podrás tener.

El corazón me golpeó con fuerza contra las costillas, como si una parte de mí ya supiera cuál sería su respuesta.

—¿Cuál? —pregunté en un susurro.

—El divorcio, por eso lo mejor será fortalecer nuestro matrimonio.

Me quedé paralizada.

Durante unos segundos fui incapaz de responder. Las palabras de Christian se quedaron suspendidas en mi mente, chocando contra aquella esperanza que apenas había comenzado a formarse. Por un instante, había querido creer que tal vez estaba dispuesto a luchar por nuestro matrimonio de una manera distinta.

Pero no.

Podía ofrecerme su apoyo, concederme libertad para organizar una celebración y permitir que mis decisiones tuvieran peso dentro de su familia. Podía incluso intentar convencerme de que las cosas entre nosotros serían diferentes.

Lo único que no estaba dispuesto a ofrecerme era la posibilidad de marcharme.

—¿Me has entendido, Valentina? —preguntó al no recibir respuesta.

Tragué saliva, incapaz de encontrar las palabras adecuadas.

—Sí, Christian. Te he entendido.

—Bien. Entonces concéntrate en el aniversario. Quiero que todo salga perfecto.

La llamada terminó poco después.

Me quedé con el celular pegado a la oreja durante unos segundos, mirando un punto indefinido de la mesa. A mi alrededor, los proveedores continuaban trabajando y las personas entraban y salían del salón, ajenas a la conversación que acababa de cambiar el rumbo de mi mañana.

Isabella se acercó con la carpeta entre las manos.

—Señora Kuri, ¿se encuentra bien?

Bajé lentamente el teléfono y forcé una sonrisa.

—Sí. Estoy bien. Continuemos.

Pero mientras volvía a mirar las propuestas que tenía delante, solo podía pensar en una cosa: Christian había dado el primer paso para cambiar nuestro matrimonio, justo cuando yo intentaba encontrar la manera de terminarlo.

Y todavía no sabía si aquella decisión era el comienzo de una nueva oportunidad o una forma más de recordarme que, por mucho que deseara recuperar mi libertad, él no estaba dispuesto a dejarme ir.

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